Anorexia y bulimia en adolescentes: el secreto a voces de una lenta destrucción

En este artículo veremos con respecto a la anorexia y la bulimia:

TCA

  • qué son exactamente y qué las diferencia
  • las razones comunes por las que los adolescentes caen en estos trastornos de conducta alimenticia (TCA)
  • qué buscan comunicar con sus acciones y no-acciones
  • a qué edades comienzan a dejar de nutrirse y por qué
  • qué se puede hacer al respecto

La mayor parte de este artículo está basado en una comunicación directa y continua de la psicóloga con más de trescientos adolescentes con anorexia y bulimia.

Qué son la anorexia y la bulimia

Explicar todas las diferencias entre la anorexia y la bulimia y los subtipos conllevaría todo un artículo específico para tal fin. En este veremos lo que las diferencia en términos generales.
Lo que las separa es el comportamiento ante la comida:

Anorexia

Se refleja en el miedo a engordar; dejan de ingerir alimentos. Esta acción suele ir acompañada de la sensación de verse gordas/os. Suelen mostrar una constante bajada de peso. Algunos efectos secundarios son el lanugo (bello ante la intolerancia al frío), fatiga e insomnio con frecuentes mareos o desmayos y pigmentación azulada en los dedos de las manos en casos avanzados.

Bulimia

Además del miedo a engordar, hay un sentimiento continuo de falta de control respecto a la comida. Tras ingerirla se sienten mal consigo mismos/as o culpables y provocan el vómito o toman laxantes y/o diuréticos. Suelen mantener el peso o reflejan constantes subidas y bajadas. Un posible efecto secundario del vómito es el desgaste del esmalte dental o problemas digestivos.

Así, las personas con anorexia tienen mayor control sobre sus impulsos ante la comida. Por otro lado, no son trastornos excluyentes (pueden darse a la vez).

A qué edades comienzan a asociarse a esta problemática

Con cada nueva generación las edades de comienzo son más bajas. En los años circundantes al 2005 estos dos trastornos alimenticios comenzaban a los 15 años. Pocos años después, el comienzo era comprendido entre los 12 y 13 años. Ahora se encuentra el inicio entre los 9 y 10 años. Ahora los jóvenes pueden buscar información en las redes y comunicarse de forma directa con los compañeros que se dirigen hacia la misma meta. Así, las redes sociales son claramente uno de los mayores problemas en la actualidad respecto a los TCA.

Por qué terminan desarrollando anorexia o bulimia

Desde el estudio de la psicología y la psiquiatría se consideran como posibles factores los biológicos (genéticos), psicológicos y del entorno. Los adolescentes con los que se ha tratado y que son referentes para este texto han comunicado a la psicóloga el mismo factor: la ausencia de apoyo familiar o incluso el rechazo y el abandono o el enfoque filial sobre la responsabilidad extrema sin dejar espacio a las necesidades y deseos del hijo/a. Cuando este trastorno de alimentación se asociaba con trastorno límite de la personalidad, alguno de estos jóvenes ha relatado un abuso sexual o psicológicamente extremo y que, ante éste, han sentido falta de apoyo, rechazo y/o abandono por parte de la familia (especialmente de los padres).
Todos aquellos que estaban relacionados con la búsqueda del ideal, el “morir como príncipes o princesas” o el “morir con la corona puesta”, frases de la jerga con la que se comunican entre ellos, era relatado como una forma de expresar el dolor y sufrimiento originado por lo anteriormente expuesto y hacer sufrir a los padres cuando entendieran «lo que han ocasionado«.

Qué buscan comunicar cuando dejan de comer o vomitan lo ingerido

El mensaje tiene tintes comunes en todos los adolescentes y detalles diversos a la vez. La base de la comunicación es que se sienten rechazados y/o abandonados. Al menos, este es el mensaje que comunican entre ellos o cuando se les pregunta en absoluta confianza.

El papel del psicólogo

Los detalles son algo más difusos y para ello, los psicoterapeutas deben mostrar una empatía especial y poner el foco en forjar un vínculo que haga posible que se abran de verdad. Han de sentir estos jóvenes que pueden confiar en el terapeuta al cien por cien. Las circunstancias que suelen relatar como origen de su problemática alimenticia pueden ir desde un recuerdo que aparenta no ser nada importante pero que mirado a través del contexto en el que se dio, cobra una gran e impactante fuerza. Otras veces hay un trauma de fondo de utilización física o psicológica. Puede estar asociado también a violencia vivida en si mismos o en otras personas importantes para el/la adolescente. En algunos de estos casos, el adolescente puede tener asociado un trastorno límite de la personalidad (borderline) u otros.

La familia y el contexto

El mensaje principal suele ir dirigido a la familia: “no me habéis cuidado o demostrado amor cuando teníais la responsabilidad de hacerlo”. Los detalles son la base en la que se asienta este sentimiento.
Es obvio que la cultura afecta sobremanera y que hay jóvenes que se dejan llevar por las modas o los actos de sus amistades. En estos casos puede existir una base de baja autoestima no comunicada en el hogar, entre otros factores. Aclaramos con esto que el origen que ellos mismos relatan la mayoría de las veces es la baja comunicación en el hogar y la falta de confianza, seguridad o amor sentidas. La publicidad de la delgadez en la sociedad actual también está dentro de las posibilidades de origen, aunque debemos puntualizar que este último factor no es relatado por ellos.

Si quieren transmitir un mensaje, ¿por qué buscan nuevas formas para encubrirlo?

Cuanto los terapeutas comentamos a los padres que estos adolescentes buscan transmitir un mensaje a través de la comida no dan crédito. De hecho, a muchos padres les resulta difícil de creer porque los jóvenes buscan de forma continua nuevas maneras de encubrir los hechos. Parece una paradoja, pero realmente su importancia engloba a toda la familia. Ellos sienten de forma imperiosa que su cuerpo necesita expresar la falta de amor y de seguridad que sienten. A la vez, no quieren dañar a los padres, hermanos, etc., ni ser “una carga” para la familia.

Las relaciones sociales y sus consejos

Los jóvenes que sufren anorexia (nominada como Ana para ellas y Rex para los chicos) y/o bulimia (Mia en su propia jerga para las chicas y Bill para ellos) necesitan expresarse pero creen que no pueden hacerlo en el contexto en el que viven. Así, muchos de ellos buscan contacto en chats y en redes sociales para compartir formas novedosas de secretismo. Algunas de las que comparten son:

  • decir en las comidas que les duele la barriga,
  • comentar que ya han comido
  • llevar el plato de comida a la habitación tirarla por el inodoro o en un cubo de basura propio)
  • relatar problemas estomacales
  • prepararse ellos la comida porque quieren alimentarse de una forma mas sana
  • retirar la comida de forma sigilosa, esconderla en servilletas y después tirarla
  • etc.

Métodos para bajar de peso

Con respecto a la línea de seguir bajando de peso, utilizan por un lado métodos para sentir saciedad como:

  • tomar bolas de algodón mojadas en zumo o agua (se expanden en el estómago)
  • «comer» hielo
  • masticar de forma continua chicles
  • beber agua de forma continua o zumos bajos en calorías

En el caso de la bulimia, comparten métodos diuréticos, marcas de laxantes y consejos para evitar el daño en el esmalte dental.

Suelen utilizar imágenes de personas obesas o animales para compararse y dañar su autoestima para tener el objetivo aún más claro, si cabe. Otras veces utilizan imágenes llamadas «thinspo«. En ellas observan la extrema delgadez y encuentran el motivo de avanzar hacia un aumento de la suya. Aumenta la compra de artículos con frases como “quod me nutrit me destruit” (lo que me nutre me destruye). De hecho, se venden pulseras con esta frase marcada en muchas plataformas on-line de fácil acceso y a módicos precios. También las pulseras con las que ellos/as mismos/as se identifican: las de color rojo (que simbolizan la anorexia) y las violetas (bulimia). Estas acciones son una diminuta parte del inmenso océano de lágrimas que recoge todas las necesidades de estos adolescentes y las devuelve en forma de autodestrucción.

Dos motivos principales

Como podemos ver, hay al menos dos motivos por los que buscan el encubrimiento. Una de ellas es evitar que les alejen de sus compañeros de viaje en estos trastornos, poder seguir socializando con personas “como ellos”. La otra es el intento de no dañar a su familia. Intentan comunicarse y a la vez evitan que se presienta dicha necesidad de ser escuchados. Algunos de ellos lo comparan como cuando sentimos un nudo en la garganta y paramos de hablar para evitar llorar delante de alguien; “tengo miedo de abrir la caja de Pandora”, con esta expresión y otras por el estilo muestran su ambivalencia.

Las autolesiones como un refuerzo y como alivio

Las autolesiones no suicidas (ALNS) son muy dadas en personas con anorexia y bulimia. El psicólogo que atienda a jóvenes con TCA debe tener muy claras las formas de autolesión para diferenciar aquellas que pretenden llamar la atención de aquellas que buscan finalizar con la vida como es el caso de los tipos de corte, entre otros. Las lesiones autoinfligidas de la muestra mencionada, reflejaba tres posibilidades originarias:

  1. regular las emociones
  2. la influencia de sus congéneres
  3. la insatisfacción con el cuerpo

Como refuerzo de conducta

Muchos adolescentes usan el daño autoinfligido como una forma de castigo cuando no han controlado la situación relacionada con la comida. Las marcas realizadas sirven a su vez para que cada vez que las visualicen, recuerden la reacción que ellos mismos tendrán ante la falta de auto-control. Así, si se controlan, no se auto-castigan, pero si no son capaces de dicho control, se lesionan.

Como alivio

Como no pueden expresar a las personas que les rodean sus sentimientos, pensamientos y emociones, o sienten que no pueden hacerlo, se liberan del sufrimiento emocional a través del dolor, del sufrimiento físico. De esta forma su atención se dirige al dolor corporal, evitando de esta manera mantener la mente en el dolor emocional, “mas difícil de soportar” como ellos mismos aclaran.

¿Son los padres culpables de que sus hijos restrinjan la comida o dejen de nutrirse?

La primera aclaración respecto a esta pregunta es que todas las personas somos culpables y no lo somos a la vez de una cantidad impresionante de sucesos vividos por las personas que nos rodean. Muchos padres casi no se comunican con sus hijos porque nadie les enseñó a hacerlo. Muchas veces se ha descubierto en terapia que estos problemas de conducta alimenticia pueden remontarse a generaciones anteriores en las que se vive una situación parecida. De esta manera, la cuestión que debemos hacernos no es si los padres son o no los culpables, pues ellos seguramente lo hicieron lo mejor que supieron en la circunstancia en la que se encontraban, sino ¿qué se puede hacer desde el presente para que la comunicación tenga el efecto deseado y para que la anorexia y la bulimia sean aminoradas, o mejor aún, eliminadas. De esta manera pasamos a la pregunta que de verdad debemos hacernos, que se responderá en el siguiente apartado.

Qué necesitan para eliminar esta forma de comunicarse con la comida

Estos adolescentes necesitan ser escuchados; este es el primer paso. Pero no solo eso, también recibir una respuesta acorde. ¿Qué intentan decir?, ¿necesitan algo en especial por parte de su familia y/o del contexto en el que viven?, ¿cuáles son sus verdaderos deseos y necesidades? Este es el primer punto desde el que partir, brújula en mano hacia la mejora y el bienestar, ojo, tanto de los jóvenes como de la familia; que como partícipe también sufre la situación. Recordemos que los padres no disfrutan viendo cómo sus hijos se dejan morir poco a poco; ellos son los primeros que darán los pasos para ayudarlos aunque cueste.

Qué pasos dar si tu hijo o hija sufre de anorexia o bulimia

  • Un/a psicólogo/a de confianza :acudir a un psicólogo especializado en esta temática, pero sobretodo, de confianza. Es imprescindible que el/la adolescente se encuentre a gusto, seguro/a y libre para expresarse.
  • Autoestima: los jóvenes que sufren esta dolencia emocional necesitan elevar su autoestima, conocer quiénes son realmente, autoconocerse y descubrir un camino en el que expandir su personalidad y hallar las necesidades y deseos verdaderos y propios. Para este paso, igualmente, puede ser necesario el papel del psicoterapeuta.
  • El apoyo de la familia: una vez se ha descubierto qué necesita el/la paciente el apoyo familiar es primordial. Y hablamos de un apoco incondicional en cuanto a amor, cariño y ternura, mientras se evita el rechazo a todos los niveles.
  • La comunicación es esencial: es imprescindible crear un espacio de libertad. Que el joven exponga cómo se siente, qué necesita y quiere. Un espacio en el que se le escuche de verdad. Para ello es necesario que los padres no escuchen desde un estado de defensa, sino todo lo contrario. Seguramente las primeras conversaciones sean más duras debido al larguísimo período en el que las palabras han estado concentradas y encerradas. A medida que aumenten las conversaciones sinceras, las palabras de los adolescentes se suavizarán. Los padres deben dar el paso de escuchar desde el corazón. Darse cuenta de aquellas cosas en las que fallaron, no como una crítica sino como punto de búsqueda del cambio.
  • Amor comunicado: la comunicación sirve para conocemos y entendernos. Sin embargo, a veces olvidamos expresar con palabras los sentimientos. Y no hablamos de cantidad sino de calidad. Un “te quiero”o “te amo” desde el corazón puede ser el comienzo de cambio de una relación rota o mal forjada.
  • Contacto físico: el amor no se expresa solo mediante la aceptación incondicional. También necesitan un abrazo, que se les tome la mano o un beso. No es lo mismo saber que uno es querido que sentirlo.

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